09 – La Patrulla del Cantábrico

En septiembre de 1973 se constituye la Patrulla del Cantábrico en Bilbao con el objeto de cubrir toda la cornisa norte de la Península. Se prestaban servicios de apoyo en celebraciones multitudinarias de diversa índole: desde eventos deportivos o festivos (peregrinaciones anuales al castillo de Javier); a las congregaciones político-religiosas de los correligionarios de Don Carlos Hugo y Don Sixto en Montejurra, que el 9 de mayo de 1976 provocaros dos muertos y decenas de heridos en Estella (Navarra) entre los dos bandos en que se había escindido la causa carlista; y a las numerosas algaradas con enfrentamientos provocados por los incipientes movimientos nacionalistas.

La tripulación inicial estaba constituida por Juan Moreno Borrás, Jorge Ruano de Burnay y el mecánico José Luis Tur Torres.

Tras su puesta en marcha, la Gaceta del Norte publicaba en noviembre un artículo dedicado a la Patrulla del Cantábrico titulado los “Ángeles de acero”, apelativo con el que el periodista quería apodar a los tres hombres y a los dos helicópteros, un Alouette II y un Bell 47 G integrantes de la misma. Tenían como campo de acción toda Galicia, Asturias, Santander, Logroño, Navarra, Brugos y las tres provincias vascas. Su misión básica, como en el resto de las cuatro patrullas, era la vigilancia de las carreteras pero también colaboraban en el rescate de heridos, salvamentos, inspecciones, etc.

En aquel entonces, sin lugar a dudas, los tramos más congestionados eran la carretera de La avanzada hasta Plencia y la de Santander; ya se hablaba entonces de la Vía Esmeralda, que une las costas de Suecia con el Sur de Portugal a lo largo de toda la línea del litoral europeo occidental. En verano surgían sensacionales colas en la entrada de Guernica. El periodista J.J. Benítez, se asombraba de que los pilotos de helicóptero no llevasen paracaídas y que los cables de teléfonos y de tendido eléctrico fueran los principales enemigos del piloto.

Además de las misiones descritas, se les encomendaba también prestar servicio a las labores de policía y vigilancia en la escolta de personalidades y lucha antiterrorista. En esa época de terror por parte de la banda terrorista, se decidió ocultar el indicativo de los helicópteros para evitar represalias sobre el personal y las familias de los funcionarios de Tráfico del País Vasco. Fueron tiempos difíciles para ellos y sus familias. alguno de los integrantes de la plantilla había elegido como lugar de residencia el pueblo donde había nacido ETA a finales de los cincuenta por su proximidad al aeropuerto de Sondika. a pesar de todo mostraron, en todo momento, una entereza digna de elogio en el desempeño de sus funciones.

Presentación en sociedad de la Patrulla del Cantábrico gracias a la Gaceta del Norte.

 

En una ocasión, tras participar en la búsqueda de montañeros catalanes que se habían extraviado en el Naranjo de Bulnes, volvieron a su base bilbaína. Al llegar, era ya noche cerrada y en aquel entonces el aeropuerto vizcaíno no disponía de iluminación. En el momento del aterrizaje, solicitaron ayuda por radio y se desplazaron los coches de varios empleados del mismo a las pistas del aeropuerto ayudando con los faros a iluminar el área de aterrizaje.
El hangar de los helicópteros de la Dirección General de Tráfico en el aeropuerto de Sondika dejó de ser utilizado en el año 1976 por razones de seguridad, pasando a prestar servico desde el Acuartelamiento de la Policía armada en Basauri (Vizcaya). El año 1979, dejó de operar definitivamente en aquella zona por haber sido transferidas las competencias en materia de vigilancia y regulación del tráfico a las autoridades autonómicas (Ertzantza). El control y vigilancia del tráfico en las carreteras vascas fue una de las primeras actividades desempeñadas por la policía autonómica, que dispondrían de helicópteros propios a partir de 1986.

 

El interés por las piraguas se pierde en favor de la aeronave.


La Voz de Asturias, sábado 7 de agosto de 1965

“Queremos hacer una pequeña llamada de atención. Cuando el año pasado se iba a dar salida a las piraguas, en el momento solemne de la lectura del verso y cuando la gente entonaba el himno oficial del descenso “Asturias, patria querida”, el helicóptero se dedicaba a hacer evoluciones en el aire con ese sonido tan desagradable en un momento como aquél, de gran solemnidad y emoción. Esperamos que este año no ocurra. Comité Organizador del Descenso del Sella.


La sensibilidad ecológica.

A raíz de la desaparición de la base norteña, los servicios que se debían prestar en la cornisa cantábrica pasaron directamente a la competencia de la Patrulla Central que ha montado hasta la fecha dispositivos y desplazamientos de larga duración.

En 1987 se produjo un temporal severo de nieve en el norte de España. Los Gobernadores de la zona solicitaron ayuda para, entre otras misiones, alimentar a las manadas de caballos salvajes (asturcones) que se encontraban dispersas por los blancos prados de las faldas de los Picos de Europa.
Durante 20 días se lanzaron alpacas de heno y alfalfa desde los helicópteros, debiendo incluso pernoctar en lugares muy al uso de la misión: pajares o establos. Los ganaderos lugareños, algo desconfiados, se acercaban a los lugares indicados para la suelta de las alpacas y cerciorarse que el helicóptero efectuaba correctamente su labor. Los más atrevidos desafiaron incluso a las náuseas acompañando a las tripulaciones en la suelta de las balas de heno; pero una vez más, en vez de disfrutar del paisaje asturiano desde el aire su objetivo era comprobar que los alimentos llegaban cerca de los animales y no en el primer barranco.
En alguna ocasión, corrieron riesgos serios debido los fuertes vientos. Pilotando Santiago Aizpurúa, un helicóptero entró en pérdida debido a los temidos anillos turbulentos y se precipitaron en caída libre rotando frenéticamente. Gracias a su pericia, Aizpurúa consiguió recuperar el control de helicóptero y salir del atolladero; sin embargo, al recuperar la actitud normal, el mecánico, Diego Barrientos sufrió un fuerte golpe en la cabeza amortiguado en parte por el casco. No podía ser de otro modo, en la casa que más se recomienda el uso de esa protección no podían faltar casos que corroborasen el consejo.

Por muy curioso que resulte alimentar animales desde un helicóptero, años más tarde se viviría otra situación similar en el Torcal de Antequera, donde un rebaño de cabras se aventuró en una zona tan escarpada que fue imposible el descenso (incluso para estos animales tan adaptados a los riscos). El helicóptero de la base malagueña consiguió evacuar sin daños a los infelices animales.

 

Efectos de una nevada en el Cuartel de Basauri.

Auxilio ecológico.


El Cason.

El 5 de diciembre de 1987, un barco de bandera panameña, el Cason, embarrancó en las costas de Finisterre. En el siniestro perecieron 23 personas y se vertieron al mar 2.000 bidones de líquido inflamable. O al menos eso se pensó en el primer momento, ya que muchos explotaban de forma espectacular al entrar en contacto los gases tóxicos de su interior con el agua. Ante los ojos atónitos de los lugareños la sensación de peligro que se transmitía fue aumentando esa noche e, inmediatamente, el pánico se generalizó por la zona, provocando que mucho coruñeses asustados huyeran en desbandada hacia el interior.

Las informaciones relativas a la carga transportada eran confusas. Incluso algunos rumores indicaban que podía ser radioactiva o compuesta por armamento de contrabando; desde luego, de alta peligrosidad. Tras el naufragio, cientos de bidones emergieron del pecio y, flotando al pairo, llegaron a las distintas playas de la zona.Algunos de los bidones de 200 litros de volumen que llegaron a la costa desaparecieron de inmediato. El helicóptero de Tráfico se encargó de rastrear la zona, no sólo en playas o caletas, sino en los patios y corrales de las casas cercanas a la costa, de donde los paisanos los recogieron sin saber realmente lo que contenían, probablemente con objeto de obtener algún beneficio posterior.

 

El desastre del Cason.


 

Fuente: Manuel Guillén (Jefe Área de la D.G.T.) y José Mª Rubio (Ingeniero aeronáutico y Director de Relaciones Institucionales de Eurocopter España)

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