07 – El peligroso rescate en el Naranjo

Pocos días después de la llegada a Madrid del nuevo helicóptero, la alondra francesa de Aérospatiale, se produjo un hecho insólito que iba a suponer el espaldarazo definitivo al crecimiento, prestigio y madurez de la Unidad de Helicópteros.

Dos afamados alpinistas, José Luis arrabal y Gervasio Lastra, decidieron el 10 de febrero de 1970 ascender al mítico Naranjo de Bulnes por la cara oeste, la más difícil. Pero les sorprendería una tormenta de nieve a tan sólo 80 metros de la cima que les obligaría a refugiarse en una cueva.
Respondiendo a la voz de alarma se movilizarían todos los servicios de emergencia. Por tierra, grupos de rastreadores de la Guardia Civil, y por aire los helicópteros Bell 204 del SAR del Ejército del Aire. Se montaron servicios de búsqueda por todas las zonas de acceso al Naranjo. Los resultados en los primeros días no fueron buenos dando lugar a una magnificación del caso interviniendo a gran escala una atención de la prensa. De hecho, se produjo una auténtica avalancha de personas que se desplazaron a las inmediaciones del pico asturiano atraídas por un sentimiento de morbo y curiosidad.
El Ministro de Gobernación, Garitano Goñi, ordena que el flamante nuevo helicóptero de Tráfico participara en las labores de búsqueda y rescate. Incluso, el mecánico francés que había acompañado a Pasquín en el vuelo de traslado del Alouette II a Cuatro Vientos desde Marignane se sumó a la expedición. Pasquín conocía bien los efectos de viento ascendente de la ladera y el descendente al otro lado del monte en ausencia de valles pronunciados, lo que se conoce como efecto Foehn: junto a la pared hay calma relativa.Era el 20 de febrero, en su aproximación desde la ladera sudoeste al lugar de las operaciones, Pedro Pasquín intentó por primera vez el acercamiento a la roca. Avistaron a unos montañeros que les lanzaron señales, agitando los brazos, interpretado por la tripulación como un saludo.
Al llegar a la base de operaciones se percataron que no había grupos de rescate en la zona donde divisaron aquellos saludos; debían ser, pues, los extraviados. De modo que que volviendo al mismo lugar, en un vuelo ciertamente arriesgado por las condiciones climáticas, consiguieron acercarse nuevamente a la pared del Naranjo y comenzar a buscar con relativa tranquilidad; los hallaron en una hendidura y visiblemente extenuados.En el primer contacto se les proporcionó mediante un sistema de carga suspendida y columpiada, un altímetro, una radio y provisiones. Las palas del helicóptero pasaban a menos de un metro de la roca.

La intervención llevada a cabo constituye toda una lección de arrojo y valor por parte de sus integrantes.

 

Posteriormente se subió un torno a la cima del “Picu” desde donde se descolgaron montañeros especialistas encabezados por Joaquín Rodrigo Burillo y un médico que atendió in situ a los montañeros en peligro

Una vez izados, se les transportó enganchados por fuera mediante cuerdas y mosquetones.

Lamentablemente, Arrabal se encontraba en muy mal estado y moriría días después en el Hospital General de Asturias, en Oviedo, a causa de la fuerte neumonía y la congelación de los pies. Los miembros de la expedición de rescate recibirían la condecoración al Mérito de la Beneficencia, otorgada por la Cruz Roja y el Ministerio de Sanidad.

 

Gervasio Lastra muestra su satisfacción al descender del helicóptero que lo había rescatado.

Alfonso Alonso sostiene la cuerda de izado.


Diez años después ……

Diez años después del rescate, nuevamente Pedro Pasquín, acompañado en esta ocasión por Santiago Aizpurúa y Gervasio Lastra, vivió otra experiencia similar. Se buscaba a dos montañeros que supuestamente se habían desplomado por una de las caras más peligrosas del Naranjo de Bulnes. Se habían desplazado en las labores de búsqueda un Puma y un Alouette III del SAR y un BO 105 de la Guardia Civil. Éstos intentaron llegar desde Santander pero los fuertes vientos marinos impedían cualquier acercamiento. El helicóptero de Tráfico pudo atacar al Naranjo desde el sur (procedía de Villanubla, en Valladolid), una posición favorable apantallados del viento por el propio monte y favorecidos por la experiencia de Pedro Pasquín; consiguieron acercarse hasta la misma pared.

Entraron en una gran cavidad, con las palas prácticamente rozando el muro, y consiguieron visualizar los cuerpos inertes de los dos montañeros, fallecidos ambos.Sin embargo, para salir de allí, tuvo que demostrar su pericia al ascender a la máxima potencia permitida equivalente a 14.5º de apertura de ángulo de paso de las palas y a 90 km/h de velocidad entre paredes, lloviendo y con viento racheado hasta conseguir salir a cielo descubierto.

Secuencia del rescate en la que se observan las condiciones meteorológicas reinantes.

 

En los Alpes franceses se utilizaban medios quizás expeditivos para el rescate de cadáveres en el hielo o en los riscos. Se usaba una especie de arpón con el que se retiraba al cuerpo inerme de la pared para ser recogido ladera abajo por los médicos forenses.No se debe jugar con la vida ni los medios de rescate por un cadáver; a pesar que la ética dicte un trato especial para con los difuntos, nada se puede hacer ya por ellos. Personalmente opino que hay que obrar en consecuencia. Ningún rescate de un cadáver merece llevarse otra vida.

Mi profunda admiración al Servicio de Salvamento Marítimo.

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Fuente: Manuel Guillén (Jefe Área de la D.G.T.) y José Mª Rubio (Ingeniero aeronáutico y Director de Relaciones Institucionales de Eurocopter España)

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